Enfermedad de Alzheimer: Mi opinión es…

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Probablemente debido a una deformación profesional me apasionan los biomimetismos, es decir, el estudio de la naturaleza como fuente de inspiración para resolver aquellos problemas humanos que la naturaleza ha resuelto, mediante los modelos de sistemas (mecánica), procesos (química) y elementos que imitan o se inspiran en ella.
Es tremendamente sorprendente el reciente descubrimiento por parte de un grupo de investigadores norteamericanos acerca de un “truco” de la naturaleza que permite que la mayoría de las personas no padezcamos la enfermedad de Alzheimer. Es un hecho conocido que esta grave enfermedad es producto de una pérdida funcional de las neuronas y que uno de los signos patológicos reveladores de la enfermedad son las placas de la proteína beta-amiloide y los eventos metabólicos producto de ellas.

La simple separación física entre dos componentes fisiológicos del cerebro (la proteína precursora de amiloide-APP y la β-secretasa-BACE) y el hecho que no les permita combinarse es suficiente para que no padezcamos la enfermedad. Sin entrar en el complejísimo mecanismo fisiopatológico que está detrás de esta descripción tan simplista, tal y como relatan los autores del estudio, “es como la separación física de la pólvora y su combinación de manera que se evita una explosión inevitable”.

Me refería al biomimetismo ya que el mecanismo bioquímico de este descubrimiento me lleva a compararlo con el recurso biológico o “truco de la naturaleza” al que recurren muchas especies vegetales para su supervivencia. Los albaricoques, almendras, cerezas o la yuca, por citar algún ejemplo, sintetizan sustancias potencialmente tóxicas como mecanismo de defensa contra los predadores.
Entenderemos un poco mejor el mecanismo poniendo como ejemplo las almendras amargas. El carácter amargo se lo otorga la forma gaseosa del cianuro, el ácido cianhídrico, que como todos sabemos es una sustancia química de acción rápida y potencialmente mortal. Esté ácido no se encuentra libre como tal en el interior de la almendra sino unido químicamente a una molécula de azúcar formando una estructura que recibe el nombre de glucósido cianogénico.
Ahí radica la similitud motivo de este artículo y es que cuando el vegetal, en este caso la almendra, es atacado por cualquier predador, produce un daño mecánico que permite que otra proteína, una enzima denominada emulsina que se encontraba separada físicamente del glucósido cianogénico, se pongan en contacto y establezcan una reacción química. Como motivo de la misma (proceso enzimático), se rompe la molécula (glucósido cianogénico) que permite que se libere el ácido cianhídrico con la consiguiente acción tóxica frente al invasor.

Por tanto, me alegra enormemente este descubrimiento científico. Con toda seguridad, derivado de él se plantearán estrategias farmacológicas que impidan la unión física de ambas estructuras mediante planteamientos no contemplados en la actualidad. Sin embargo, yo voy mucho más allá y la similitud entre ambos procesos me lleva a plantear que la proteína precursora de amiloide-APP presente en el cerebro es al glucósido cianogénico lo que la β-secretasa-BACE es a la emulsina de la almendra.
Siguiendo el razonamiento biomimético, si la unión física de las estructuras del vegetal se ponen en contacto tras una agresión, porque no pensar que las estructuras APP-BACE del cerebro no se ponen en contacto también frente a una agresión… ¡al tiempo!
Por cierto, el mecanismo explicado en la almendra es la base de uno de los agentes antitumorales de origen natural más controvertidos a la vez que prometedores: la amigdalina, laetrile o vitamina B17.

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Licenciado en Ciencias Biológicas, especializado en Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Valencia. Inició su carrera profesional como Analista en el Instituto Valenciano de Oncología (I.V.O) y en la actualidad desenvuelve su labor profesional en el sector privado. Con un carácter eminentemente investigador, prácticamente toda su trayectoria profesional y personal la ha focalizado en profundizar en el estudio de aquellos modelos integradores que por unir lo mejor de la medicina convencional a las terapias complementarias de probada eficacia científica, pudiera beneficiar a personas afectadas de cáncer.