¿Cistitis en verano?

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Con el verano llega el sol, el buen tiempo y con ello las actividades al aire libre así como el merecido descanso. Sin embargo, durante esta época del año también quién quiere adoptar un protagonismo especial, la cistitis. Tras las infecciones del tracto respiratorio, tiene el dudoso honor de ocupar la segunda posición de las infecciones más frecuentes y afecta especialmente a las mujeres (diez veces más), donde se estima que un 60% de ellas tendrá un episodio infeccioso a lo largo de su vida. Además, y sin conocer bien el porqué, desde el año 2.000, esta infección de las vías urinarias, ha multiplicado su incidencia en un 30-40%.  La cistitis es un tipo de infección del tracto urinario (ITU) con una localización preferente en la vejiga. El microorganismo causante de las infecciones de orina, en la inmensa mayoría de los casos, es una bacteria denominada E. coli. Y lo hace, por tener la gran habilidad de adherirse a la pared de la vejiga a través de unos pelos o filamentos, denominados fimbrias, y liberar una serie de toxinas, responsables de los síntomas clásicos de la cistitis: una quemazón muy molesta y dolorosa en el tracto urinario. Quien la padece siente la necesidad urgente o frecuente de orinar, pero cuando lo hace, la expulsión le resulta difícil, dolorosa e incompleta.

Al margen del contacto de restos de heces con la zona perineal (la zona entre el vagina y el ano), especialmente debido a incorrectos hábitos higiénicos, esta incómoda infección azota con especial virulencia en verano porque se dan dos de los factores que más las favorecen: la humedad de los bañadores tras el baño en playas o piscinas así como el aumento de las relaciones sexuales en esta época. Todos estos factores alteran la microflora y sus mecanismos de defensa, haciendo que en esta época de verano se multipliquen estas afecciones.

¿Qué hacer para prevenir la cistitis?                                                                           Para evitar esta patología, aconsejo las siguientes reglas básicas:

  • Ingerir un mínimo de 1,5 litros de agua diariamente.
  • Orinar frecuentemente, para evitar el mínimo tiempo de contacto de las bacterias patógenas de la orina en la vejiga.
  • Evitar el estreñimiento.
  • Mantener unos correctos hábitos higiénicos tras mantener relaciones (orinar después de cada relación con el fin de eliminar posibles bacterias que hayan podido pasar a la uretra) Los productos habitualmente utilizados para la higiene íntima deberían ser lo más naturales posible y formulados con pH adecuados.
  • De igual modo que en un estanque donde el agua no fluye se llena de algas y determinados microorganismos, es preferible la ducha al baño ya que la corriente de agua evita la acumulación de bacterias.
  • No permanecer con el bañador húmedo y cambiarlo por uno seco.
  • Utilizar ropa interior de algodón y evitar prendas ajustadas, ya que favorecen la transpiración y, por tanto, la proliferación de microorganismos patógenos.
  • Consumir diariamente unas unidades del fruto o el zumo de arándano rojo.

¿Cómo tratamos la cistitis?                                                                                            Lo habitual sería encontrarnos con estas dos circunstancias:

  1. Tener un cuadro clínico con una sintomatología que haga necesaria la consulta al médico.
  • Una vez diagnosticada la infección de las vías urinarias (ITU), como es el caso de la cistitis, el tratamiento es muy sencillo, se prescribe un antibiótico. Si el facultativo así lo considera conveniente recetará, con toda probabilidad, uno perteneciente al grupo de las fosfomicinas, denominado Monurol, previsiblemente con una pauta inicial de dos o tres días, en función de la concentración de principio activo contenido en el fármaco.
  • Debido a las más que posibles micosis o infecciones causadas por hongos, como la candidiasis, tras el tratamiento antibioterápico, mi consejo es que SIEMPRE tras la toma del antibiótico se haga uso de un buen producto probiótico, es decir, microorganismos con capacidad de repoblar la flora bacteriana destruida por el fármaco.
  • Además de lo anterior, lo conveniente es tomar un preparado a base de arándano rojo americano. Esto es así ya que multitud de estudios han demostrado los beneficios de este importante activo de origen natural en la prevención de las muy habituales de infecciones recurrentes (recaídas), reduciéndolas hasta la mitad. Sin embargo, es muy importante matizar que hay que ser muy cauto con la selección del producto. La selección de nuestro producto debería ser a base de arándano rojo americano (y no de otro tipo de arándanos, como el azul o europeo) Además debe de proveer una cantidad suficiente de sus principales principios activos, denominadas PAC (proantocianidinas) y que estas procedan exclusivamente del arándano rojo y no de otros sucedáneos. Esto es así, ya que son únicamente las proantocianidinas tipo A2, el tipo concreto de PAC que presentan una acción antiadherente, impidiendo que las “patitas” de la bacteria puedan “anclarse” al epitelio de las vías urinarias, resbalando y por tanto impidiendo su colonización. El arándano azul y otros sucedáneos, aunque contengan PAC, apenas tienen capacidad antiadherente y serán muy ineficaces para este menester.
  1. Tener un cuadro clínico con una leve sintomatología en las primeras 24 horas.
  • A sabiendas que la Guía de la Sociedad Europea de Urología, aconseja el autotratamiento con Monurol en cuanto una mujer note alguno de los síntomas en las primeras 24 horas y teniendo muy en cuenta que en todo momento hay que contemplar la visita al médico ante cualquier sospecha de complicación de la cistitis, bajo mi punto de vista, antes que con antibiótico, los inicios insidiosos de la cistitis se pueden abordar, de una forma totalmente natural, con algún preparado que junto al arándano, entre en su composición plantas antisépticas de las vías urinarias, especialmente la gayuba, así como plantas diuréticas con una acción de arrastre, tales como el abedul o el ortosifón. Por otra parte, otros dos fitoactivos se están poniendo de moda y también pueden formar parte de estos preparados. Uno de ellos es un extracto especial de Salvia registrado y rico en ácido ursólico, como ingrediente sinérgico y complementario del arándano. El segundo, es un innovador extracto obtenido a partir de las flores de hibisco. Su elevada concentración en ácidos orgánicos y polifenoles le proporciona una acción antiinflamatoria y espasmolítica que contribuye a una importante disminución de la incidencia de las infecciones urinarias.

En última instancia, siempre podremos utilizar el antibiótico correspondiente

¡Buen verano!

 

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Licenciado en Ciencias Biológicas, especializado en Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Valencia. Inició su carrera profesional como Analista en el Instituto Valenciano de Oncología (I.V.O) y en la actualidad desenvuelve su labor profesional en el sector privado. Con un carácter eminentemente investigador, prácticamente toda su trayectoria profesional y personal la ha focalizado en profundizar en el estudio de aquellos modelos integradores que por unir lo mejor de la medicina convencional a las terapias complementarias de probada eficacia científica, pudiera beneficiar a personas afectadas de cáncer.