Cáncer: ¿Dónde está la clave?

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Cito textualmente de mi libro PODER ANTICÁNCER:

20160922_013342Transcribo: ¿Los genes mutan por un ambiente insostenible? Cuando hablamos de cáncer solemos hacer referencia a la existencia de unos determinados genes activados en los tumores. Pero, derivada de la argumentación anterior, la pregunta clave sería: ¿Por qué se activan esos genes? ¿Sería razonable pensar que la mutación se produce por culpa de un microambiente insostenible para muchas células normales y que provoca y, lo que es peor, sostiene el crecimiento tumoral? Aunque se trata de una línea de investigación minoritaria dentro de la oncología, me cuento entre los científicos que trabajan sobre la idea de que los cambios metabólicos en las células son suficientes para inducir un cáncer al margen de las alteraciones genéticas o, al menos, de una situación que se da a la vez. Parto de la hipótesis de que la célula tiene que mutar para poder sobrevivir.

Sin ánimo alguno de frivolizar y menos hablando de esta enfermedad, me permitiréis que aluda al hombre que regresa de fiesta un tanto animado y al llegar a casa busca las llaves que ha extraviado al lado de una farola. Tras observarlo, se acerca otro y le pregunta si está seguro que las haya perdido cerca de la farola. El buen hombre le responde que las busca allí ya que hay más luz y se ve mejor.

Comento esto ya que me da la impresión que no se investiga en toda la realidad, sólo en una parte de ella. Y vuelvo al párrafo anterior. Creo firmemente que la mutación (lo que realmente busca la industria farmacéutica) es consecuencia y no causa. El verdadero talón de Aquiles del cáncer es el microambiente tumoral, es decir, lo que rodea al tumor y por donde este se escapa.

Una buena prueba de ello es una recentísima investigación liderada por el español Armando del Río y publicada en la revista científica Nature Communications. Metafóricamente, este investigador se aleja de la luz de la farola y en vez de identificar las mutaciones en el cáncer de páncreas, optó por usar una estrategia paralela y diferente: desarticular la fortaleza que rodea y protege al tumor. Es decir, para frenar las metástasis (que es lo realmente mortal), desarrollaron una herramienta tecnológica que les permitía estudiar cómo respondían a las fuerzas mecánicas las células que rodean al tumor, es decir, el llamado microambiente tumoral. Esta es concretamente la zona que propicia el desarrollo del tumor, así que conocerlas mejor podría darles la clave para frenarlo. Y, ¿cómo consiguieron desactivar el microambiente tumoral y detener la metástasis? Lo consiguieron mediante un derivado de la vitamina A, el ácido trans-retinoico.

Yo, que soy un apasionado de los aspectos biográficos que rodean esta dura enfermedad recordaré que esta forma concreta del ácido retinoico, una forma oxidada de la vitamina A, fue precisamente uno de los primeros fármacos que abrió una nueva era de la oncología: la terapia génica. Me sorprende enormemente esta coincidencia.

Con todo ello quisiera llegar a dos conclusiones:

  1. Si bien es un experimento realizado “in vitro” donde harán falta algunos años para poderlo comprobar en seres humanos, me da la impresión que estamos acorralando al fatídico cangrejo.
  2. Hay que apuntar bien al objetivo. Si lo hacemos con el propósito prioritario de lanzar fármacos novedosos con todo el retorno económico que ello conlleva y no queremos apuntar en la dirección adecuada ya que no interesan aspectos como cambiar la dieta u otras medidas que no dan dinero, estamos muy equivocados.

Realmente, la clave está en aspectos mucho más profundos. En la foto que da entrada a este post lo podréis apreciar. GRANDE Juanan !!