5 Medidas básicas para reforzar tu Sistema Inmunitario

0
3267

El sistema inmunitario (del latín, immunis = libre, intacto), es un sistema de defensa que nos protege de las enfermedades. Está compuesto de órganos, células y proteínas, y como de un ejército se tratase, posee una gran capacidad de adaptación y movilidad por el interior de nuestro organismo. Su misión principal es la de defendernos de los distintos tipos de enemigos, como bacterias, virus, parásitos y hongos, incluso atacar a las células enfermas del cuerpo, como las células tumorales.

Siguiendo con el símil, como medio de defensa tiene sus estrategias y sus diferentes tipos de actuación. La primera línea defensiva es el cierre de la frontera con el exterior, en nuestro caso, las mucosas y las secreciones corporales, como el sudor, lágrimas, secreciones digestivas,…                                                                                                             Derivado de ello, una primera pauta es muy sencilla. Bastaría con limpiar nuestras fosas nasales con agua de mar. Se comercializan incluso sprays nasales donde se combina el agua de mar con el propóleo.

agua-de-mar-2

Traspasada esta barrera existe una segunda línea de defensa, la fiebre como un proceso benéfico con el objeto de crear un medio hostil al enemigo (agentes patógenos), al mismo tiempo que entran en juego determinadas células que forman parte del sistema inmunitario, capaces de fagocitar (comer) y destruir a los incómodos microorganismos. Cuando esto no es suficiente, la táctica se sofistica, haciendo aparición en combate otras células, concretamente los denominados linfocitos que a su vez estimulan otras células y determinados componentes del sistema: los conocidos anticuerpos.                                     A la vez, el sistema inmunitario también protege al organismo de la invasión al crear barreras locales. En este sentido, una reacción muy beneficiosa es la inflamación.

Ahora bien, el sistema inmunitario puede cometer errores. Puede fallar por hiperfunción, dando lugar a enfermedades alérgicas y autoinmunes, pero también puede hacerlo por hipofunción, como es el caso de infecciones de repetición e incluso las enfermedades tumorales.                                                                                                                      Para nuestro propósito y, dada la época en la que nos encontramos, nos centraremos en sostener este sistema en perfectas condiciones con un único objetivo: prevenir las afecciones invernales, como son los resfriados o la gripe.

Para ello, estableceremos cinco pautas muy sencillas:

  1. Pautas alimenticias
  • Alimentación equilibrada, lo más variada posible.
  • Reducir la ingesta de proteínas de origen animal y, en su lugar, aumentar la combinación de cereales y legumbres, así como el consumo de pescado azul. Reducir, por otra parte, los alimentos procesados y refinados, alcohol y tabaco.
  • Sustituir las grasas saturadas de origen animal, por las grasas monoinsaturadas (aceite de oliva) e insaturadas. Estas últimas, particularmente las de la serie omega 3 (w-3), podemos encontrarlas en el mismo pescado azul, o en las fuentes vegetales de lino y chia.

aceites-slide01

2. Realizar ejercicio de forma regular

3. Nutrientes inmunoprotectores y antioxidantes                                          

Existen varios alimentos que refuerzan las defensas del organismo para combatir enfermedades y ganarle la batalla a bacterias y virus. Así, una dieta balanceada que incluya frutas y verduras naturales de la estación, a ser posible de origen ecológico, es la mejor manera de proveer al sistema inmunitario con las vitaminas y minerales que lo fortalecen. Bastaría con incorporar a las ensaladas, vegetales que contengan “cinco colores”, ya que ellos contienen determinados nutrientes con capacidad inmunoprotectora y antioxidante como son las vitaminas A, E y C, B6 (contenida en los granos integrales de cereales), así como los elementos minerales como el zinc, el hierro, el selenio y el germanio.

5-colores4. Repoblar la flora bacteriana intestinal

Cada persona tiene en su interior alrededor de un kilo de microorganismos de 1.200 especies distintas. Es lo que los científicos denominamos microbiota. Entre sus múltiples funciones, una de las más importantes, tiene relación con el sistema inmune, de forma que a mayor variedad de nuestra flora, de alguna manera entrena al sistema inmunitario y comete menos errores.                                                                                                                          Para repoblar nuestra flora tenemos dos alternativas, incluso totalmente compatibles. En primer lugar, podemos ingerir “alimentos fermentados”, como el miso, el chucrut, el tempeh, kéfir o té fermentado, como el de kombucha. Por otra parte, podemos recurrir a productos que contengan bacterias beneficiosas. Estos productos se denominan probióticos y si además contienen fibras solubles (también denominadas fructooligosacáridos o FOS), conjuntamente se denominan simbióticos.

flora-intestinal

5. Sustancias naturales de características inmunomoprotectoras

Las sustancias con capacidad de alterar la respuesta inmunitaria en sentido positivo, activando los mecanismos de defensa, más interesantes son:

  • Ajo
  • Propóleo.
  • Equinácea.
  • Hongos medicinales. El reino fungi es uno de los lugares más repletos de beneficios para la salud. Los tres hongos más interesantes que reforzarán tu sistema inmunológico son los siguientes: Reishi (Ganoderma lucidum), Shitake (Lentinula edodes) y Maitake (Grifola frondosa) Se comercializan como alimento, donde podrás incorporarlos en las ensaladas o como suplementos.

razones-para-comer-hongos-medicinales

Todas estas sustancias, solas o combinadas, las podrás encontrar sin ninguna dificultad en tu herbodietética de confianza.

Compartir
Artículo anteriorCáncer: ¿Dónde está la clave?
Artículo siguienteMetástasis y aceite de palma
Licenciado en Ciencias Biológicas, especializado en Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Valencia. Inició su carrera profesional como Analista en el Instituto Valenciano de Oncología (I.V.O) y en la actualidad desenvuelve su labor profesional en el sector privado. Con un carácter eminentemente investigador, prácticamente toda su trayectoria profesional y personal la ha focalizado en profundizar en el estudio de aquellos modelos integradores que por unir lo mejor de la medicina convencional a las terapias complementarias de probada eficacia científica, pudiera beneficiar a personas afectadas de cáncer.